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Biología y Estado de Conservación


La Tortuga Carey del Caribe: Introducción a su biología y estado de conservación.

Las tortugas carey (Eretmochelys imbricata) son reptiles marinos muy complejos y especializados. Para madurar, llegar a la edad adulta, reproducirse y completar el ciclo vital, necesitan una diversidad de medios, en particular playas terrestres, el mar abierto y aguas costeras y estuarinas. Durante un ciclo vital normal, las tortugas se dispersan y emigran; recorren largas distancias, a menudo miles de kilómetros, desplazándose habitualmente hacia alta mar, así como hacia las aguas territoriales de diferentes países.

El ritmo de crecimiento varía según las clases de talla y los lugares, pero es lo bastante lento como para causar que las tortugas carey tarden decenios en madurar: el tiempo que media entre la eclosión del huevo y el regreso a la misma playa para reproducirse por primera vez puede llegar a ser de veinte a cuarenta años. En condiciones normales, la tortuga carey promedio es capaz de vivir y reproducirse por lo menos durante diez años más después de alcanzar la madurez. Comúnmente, su fecundidad, o rendimiento reproductivo, es muy alta: pone un promedio de 140 huevos en un solo nido, realiza varias nidadas por temporada y la anidación tiene lugar durante muchas temporadas, aunque rara vez anualmente.

La alta fecundidad es compensada por una mortalidad elevada durante las primeras fases del ciclo vital. Muchos huevos no sobreviven el período de incubación, muchas crías no llegan al mar, y muchas de las que lo consiguen no sobreviven más de un día. En muchos sentidos, la supervivencia depende de las reacciones correctas en el momento oportuno, y de que la tortuga encuentre condiciones adecuadas en ciertos medios.

Esto implica reaccionar correctamente a la luz en el horizonte al nacer, recorrer con éxito el camino de la playa al mar, evitar ciertos cuerpos de agua en alta mar, y seleccionar un medio específico para alimentarse y refugiarse. Tras varios años de vida pelágica, las tortugas inmaduras pasan a residir en aguas bentónicas, donde permanecen en un área de residencia limitada y, tal vez, manteniendo un territorio libre de la presencia de otras careyes.

Al alcanzar la madurez se orientan y nadan hacia una playa de anidación determinada. Una gran variedad de depredadores puede hacer presa de las tortugas carey en todas las etapas de su vida, pero la depredación más intensa la sufren los huevos, las crías y los especímenes inmaduros pequeños. De un estadío de desarrollo a otro, el número de tortugas que quedan en la población es cada vez menor y, al final, probablemente menos de un huevo de cada mil sobrevive para producir una tortuga adulta.

No se conoce suficientemente la proporción entre sexos, pero al menos en las poblaciones inmaduras puede haber una tendencia al predominio de las hembras. Hay pocos estudios sobre la estructura por edades, la repoblación o la supervivencia en las diferentes fases de la vida, pero cuando una tortuga alcanza un gran tamaño y llega a la madurez, la tasa de supervivencia es potencialmente alta, alrededor del 95% anual, para algunas hembras anidadoras.

Los datos científicos disponibles sobre migraciones y marcadores genéticos demuestran que las tortugas carey son recursos internacionales compartidos.Los estudios genéticos revelan además que cada población anidadora debería tratarse
como una unidad de gestión distinta. Esos estudios, especialmente cuando van acompañados de datos sobre las recuperaciones de ejemplares marcados, indican que cada población anidadora forma una entidad demográfica independiente,genéticamente aislada de otras poblaciones.

En cambio, los agrupamientos en las zonas de alimentación son de estirpes mezcladas, y aunque los individuos pueden encontrarse juntos en los mismos arrecifes, habitualmente representan unidades de gestión distintas, unidas temporalmente por una actividad biológica común. Por ende la gestión, tanto de las poblaciones anidadoras como de los agrupamientos no reproductivos, depende de la cooperación internacional.

Sorprendentemente, muchos casos conocidos de hibridación de tortugas marinas tienen que ver con las carey. No se conoce la importancia de este hecho con respecto a la evolución de las tortugas marinas o al concepto de “especies biológicas”. Muchas de las características demográficas de las tortugas carey se pueden integrar en el concepto de “maduración tardía y longevidad”.

Entre esas características figuran atributos como la presencia de numerosas clases de edad, o generaciones superpuestas, en una misma población, así como el número relativamente grande de ejemplares inmaduros, necesarios para mantener una población estable con un número relativamente pequeño de adultos.

Este tipo de estructura poblacional es particularmente vulnerable a ciertas perturbaciones, en particular al impacto de algunas acciones humanas que comprometen la vitalidad del segmento poblacional adulto, como es el caso de la cacería dirigida.

Es imposible calcular a ciencia cierta el tamaño absoluto de las poblaciones, pero en todo el mundo las poblaciones de tortugas carey en su mayoría están debilitadas y van disminuyendo, a menudo vertiginosamente. Además de la sobreexplotación de sus huevos y carne, su descenso en gran medida ha sido causado por la continua demanda de los escudos del caparazón, que se utilizan en la elaboración de artesanías.
Actualmente, la especie es considerada en peligro crítico de extinción, según la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN). En el Caribe, con pocas excepciones, la mayoría de las unidades del mosaico genético se encuentra en declive. Como sucede con otros recursos marinos vivos, las poblaciones diezmadas de las careyes son objeto del “síndrome de modificación de parámetros”, en virtud del cual las personas las perciben como normales, a falta de una memoria colectiva sobre los niveles poblacionales del pasado. Se piensa que tal disminución de la abundancia de tortugas carey habría provocado cambios en la estructura y la función de los arrecifes de coral.

La conservación de las tortugas carey plantea grandes desafíos a las sociedades modernas. Si bien es mucho lo que se ha aprendido acerca de la biología de estos animales en los últimos cincuenta años, aún prevalecen importantes lagunas
de conocimiento. Las decisiones sobre ordenamiento y conservación de los recursos se toman, inevitablemente, con información insuficiente y fragmentada.

No obstante, hoy se sabe que en sus migraciones la tortuga carey recorre aguas jurisdiccionales de varias naciones y que en zonas de alimentación convergen animales de diversas procedencias y unidades genéticas. Así, la conservación de la carey en el Caribe es un desafío regional, que implica concertación multinacional y el compromiso de diversos actores de los sectores público y privado.
 
- Por Didiher Chacón-Chaverri


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